
A tan solo unas semanas de su estreno en Netflix, la serie María la Caprichosa — inspirada en la vida de la líder afrocolombiana de las trabajadoras del hogar Pérxides María Roa Borja— encabeza el ranking mundial de lo más visto de la plataforma. ¿Qué tiene de especial esta serie, más allá de una trama atractiva, buenas actuaciones y una producción de calidad? Tiene una dimensión política y un compromiso social que trascienden la ficción: a partir de una historia individual, construye un relato colectivo común a millones de mujeres en todo el mundo, plantea una nueva narrativa en torno al trabajo doméstico y se atreve a desafiar el status quo. Un fenómeno que promete seguir cruzando fronteras.
Producida por la cadena colombiana Caracol, la serie María la caprichosa llegó al catálogo de Netflix el 5 de enero de 2026 y rápidamente conquistó a la audiencia mundial, algo inusual para una producción latinoamericana. Y es que su alcance va mucho más allá del drama clásico: su gran acierto está en haber transformado una experiencia personal en un relato coral profundo que refleja la desigualdad, la discriminación, el racismo y el clasismo estructurales que persisten en Colombia, al tiempo que destaca la trayectoria de lucha de las mujeres que sostienen a la sociedad desde la invisibilidad y el abuso sistemático. Esa realidad injusta y esa lucha sostenida por la dignidad es compartida por las trabajadoras del hogar de todas las regiones, en todas las épocas, en todos los contextos.
María la Caprichosa es atemporal, universal y transversal, tal como la historia de vida de la propia Pérxides María Roa Borja (María Roa, para sus compañeras de lucha), una de las fundadoras de la Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico (UTRASD) y su actual Secretaria General, líder del movimiento de trabajadoras del hogar, símbolo de la resistencia de las mujeres negras y oprimidas, y flamante responsable nacional de las inspecciones a hogares del Ministerio de Trabajo de Colombia. Es la que puso en jaque a los políticos, confrontó a las élites y expuso las contradicciones de una sociedad mezquina. Es la que hizo visible lo invisible, desnudando la realidad cotidiana de cientos de miles de mujeres que por décadas han cuidado de hogares y familias ajenas —muchas veces a costa del cuidado de los suyos— sin derechos laborales, por un salario miserable, en condiciones de explotación y abuso naturalizados. Es, simplemente, María la “caprichosa”.
“Son miles las trabajadoras del hogar de todo el mundo que se han sentido tocadas por mi historia de vida y que me llaman y me dicen 'tu historia me identifica y me ha devuelto la humanidad, me ha despertado, porque yo también he vivido las mismas cosas'. A ellas les digo: pónganle capricho a la vida. Pongan en una cajita imaginaria todas las cosas negativas que han vivido, agréguenle capricho y conviértanlas en fortaleza, en amor, en resiliencia y en determinación para poder cumplir sus objetivos. Somos mujeres valientes que construimos y transformamos. Póngale a todo mucho capricho y verán que juntas vamos a lograrlo".
María Roa
Del “capricho” a la escena global
Todo comenzó cuando la escritora y activista Paula Moreno, exministra de Cultura de Colombia y primera mujer afrocolombiana en ocupar un cargo ministerial en el país, conoció a María Roa como jurado de los premios al liderazgo de la revista SEMANA. Fue “amor a primera vista”. El carisma, la historia de vida y los logros inéditos de María como líder de las trabajadoras del hogar impactaron a Paula y la motivaron a escribir un libro que no sólo retratase la capacidad de una mujer negra y pobre para generar cambios desde la base y hacer posible lo que parecía imposible, sino que también cuestionase a una sociedad que históricamente ha desvalorizado el trabajo de quienes sostienen la infraestructura del cuidado.
"María me parecía fascinante porque no era solo una mujer elocuente dando discursos, sino que era una mujer que había pasado leyes en el Congreso. Desde su subjetividad como trabajadora doméstica, tuvo la visión de transformar un sistema entero", declaró Paula Moreno en una entrevista con el portal EFEminista, de la Agencia EFE. Tras varios años de charlas, confesiones a corazón abierto y trabajo conjunto entre María y la autora (muchas de ellas virtuales, durante la pandemia), en 2022 vio la luzSoñar lo imposible: Desafiando las miradas desiguales, publicado por Penguin Random House.

Luego vino la propuesta de CaracolTelevisión de producir una serie basada en el libro y la decisión de Netflix de incluirla en su catálogo internacional. A lo largo de 64 episodios, la ficción recorre la vida de María desde su infancia hasta la actualidad. En un tono narrativo auténtico y con un lenguaje visual coherente con la historia, María la Caprichosa muestra el proceso de transformación que llevó a María de la vulnerabilidad más dolorosa a convertirse en símbolo de resistencia, poder colectivo y esperanza, jugando un rol clave para el reconocimiento y la valorización del trabajo doméstico en Colombia.
Sin embargo, esa transformación personal no ha cambiado su esencia, según cuenta la propia María: "Soy consciente de lo que significa ser la protagonista de una historia de vida que se volvió mundial, pero sigo siendo la misma Pérxides María Roa Borja, María la caprichosa. Lo que ha cambiado es que hay un reconocimiento y las personas se identifican con mi historia de vida. Esto me da mucha alegría y me impulsa a luchar más aún por el cambio que quiero".
Lo más interesante y “revolucionario” de María la Caprichosa es que no presenta la cruda historia de María Roa como un hecho aislado o una excepción a la regla, sino como una realidad que ha atravesado a las trabajadoras del hogar colombianas por generaciones. Tampoco busca destacar un caso de superación personal, sino un cuadro completo —y complejo— en el cual las verdaderas protagonistas son las trabajadoras del hogar, su dura realidad cotidiana y su lucha organizada por el trabajo decente y la justicia social en un entorno sumamente hostil.
María ocupó un papel central en la producción de la serie, aportando a la construcción de los personajes y de la trama. Hasta participó en la elección del título: su padre la llamaba “caprichosa” por la tenacidad con que perseguía sus metas, y la animaba a “ponerle capricho a las cosas para salir adelante”, consejo que María siguió a rajatabla. "Cuando vi el resultado final, me emocioné y me sentí orgullosa, no sólo porque reflejaba fielmente mi vida, sino porque Caracol demostró que sí se pudo romper ese muro que impedía dar espacio al enorme talento que tienen los actores y actrices negros de Colombia. Le agradezco a Caracol por apostarle a mi historia. Porque las historias de las mujeres negras y las trabajadoras domésticas tienen que contarse para que el mundo las vea. Esas historias, nunca se cuentan. Y si se muestran, aparecen enmarcadas en otra cultura y en un lugar secundario", expresa María.
El fenómeno María la Caprichosa llegó para quedarse: según nos anticipa María Roa, se evalúa la posibilidad de producir una segunda temporada de la serie y un podcast orientado a motivar a las trabajadoras del hogar de todo el mundo: “Quiero que juntas fundemos capricho, avancemos y logremos los objetivos que tenemos tanto en nuestra vida laboral y sindical como en nuestra vida personal. ¡Sí al capricho positivo!", proclama María.
Una historia que pedía a gritos ser contada
Pérxides María Roa Borja nació en 1978 en Apartadó, en el Urabá antioqueño, una región marcada por el conflicto armado y la pobreza. Criada en el seno de una familia de clase trabajadora y afrodescendiente, María supo lo que era la discriminación desde muy pequeña, cuando ya se le negaban oportunidades y se le cerraban puertas. Luego del asesinato de su hermana a causa de la violencia que azotaba la región y tras quedar embarazada con apenas catorce años, María tuvo que abandonar su sueño de estudiar y ser maestra para migrar a Medellín en busca de un medio de vida para ella y su hijo.
Así fue como María comenzó a trabajar como empleada doméstica sin retiro, lejos de los suyos y empujada por una necesidad económica apremiante que la obligó a soportar toda clase de abusos, desde explotación laboral hasta discriminación, acoso y violencia de género. Sin embargo, lejos de sentir resentimiento al repasar aquellos años difíciles, hoy le habla a la niña que fue desde la gratitud y el optimismo: “A esa niña a la que la sociedad le negó todo por ser negra le aconsejaría que a su vida y a su destino no hay que cambiarle nada. Que le siga poniendo capricho a la vida, que siga soñando y construyendo, que siga enfocándose en las cosas positivas que le pasan. Hoy le doy gracias a Dios, al Universo y a mis padres por todo lo bonito que me pasa".
Con el tiempo, y ya en contacto con otras trabajadoras del hogar, María descubrió que su situación no era única, sino unarealidad compartida por todas las mujeres pobres y afrodescendientes empleadas en el servicio doméstico. En aquella época, el trabajo doméstico no contaba con ningún tipo de protección legal en Colombia y quienes lo desempeñaban eran deshumanizadas por empleadores blancos que mantenían vivo el legado de un pasado colonial esclavista. Ese hallazgo transformó radicalmente a María: dejó de auto percibirse como víctima para verse como sujeto de cambio, capaz de liderar un proceso de organización colectiva en busca de salarios dignos, reconocimiento y derechos básicos. "La desvalorización que sufrí me impulsó a pararme con pie firme y avanzar. Me di cuenta de que podía hablar con total certeza de derechos desde ese sentir que sólo tenemos las que hemos vivido la discriminación en carne propia", sostiene.
Nacía en Medellín un movimiento empoderado, cuestionador y dispuesto a desarticular el orden establecido. En 2013, junto a otras 28 mujeres negras, María cofundó la Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico (UTRASD), organización construida sobre la base de la identidad interseccional de sus miembros como estrategia central para desafiar al sistema. Hoy UTRASD también tiene presencia en Bogotá, Bolívar, Urabá y Huila.

La primera victoria colectiva llegó en 2014, con la ratificación del Convenio 189 de la OIT (sobre trabajo decente para las trabajadoras del hogar) por parte del Estado colombiano. Para entonces, el nombre de María Roa ya sonaba fuerte dentro y fuera de Colombia. En 2015 fue invitada a la Universidad de Harvard como oradora en la conferencia “Mujeres y Trabajo para la Construcción de la Paz”, donde fue ovacionada por la audiencia. Ese mismo año fue reconocida como una de las diez Mejores Líderes de Colombia por la revista SEMANA y como Persona del Año por el diario El Espectador. También se publicó un artículo sobre ella en el periódico The New York Times: A Maid’s Peaceful Rebellion in Colombia (La rebelión pacífica de una trabajadora del hogar en Colombia).
En 2016, tras años de movilización e incidencia política, el movimiento logró la aprobación de la Ley 1788, que garantizaba el derecho al pago de prima de servicios para las trabajadoras del hogar, una prestación social que hasta entonces se les había negado. Pero todavía quedaba mucha lucha por delante hasta 2025, el año glorioso en que se aprobó la Reforma Laboral del Trabajo Doméstico, que alinea el marco legal nacional con el Convenio 189 y equipara los derechos de las trabajadoras del hogar con los del resto de los trabajadores. Un mes después, se alcanzó otro hito histórico: el Ministerio de Trabajo estableció la negociación colectiva obligatoria en el sector del trabajo doméstico.
En Colombia hay casi 750 mil personas trabajadoras del hogar, de las cuales el 95% son mujeres, la gran mayoría racializadas y de comunidades vulnerables. El 60% gana el salario mínimo o menos, solo el 17% tiene cobertura de protección social, y el 79% está en empleo informal. Pero hoy, gracias a las conquistas impulsadas por María y sus “caprichosas”, esas mujeres pueden soñar con un futuro mejor para ellas y para las próximas generaciones de trabajadoras del hogar. Como nueva responsable nacional de las inspecciones a hogares, María asegura: “No voy a parar hasta que los empleadores se sienten a la mesa con las trabajadoras del hogar y la negociación colectiva se haga realidad en la práctica. Y voy a tocar las puertas de todos los hogares hasta lograr la formalización de mis compañeras, con contrato por escrito y derechos laborales”.
María no sólo cumplió su sueño de que las trabajadoras del hogar colombianas obtuvieran el reconocimiento y la protección legal que merecen; también cumplió su tan postergado sueño de estudiar y obtener un título. En 2024, se graduó como Trabajadora Social en la Corporación Universitaria Minuto de Dios. María Roa es la prueba viviente de que los grandes cambios surgen cuando nos atrevemos a soñar lo imposible y le ponemos “capricho” a la vida para alcanzar esos sueños.
"Todos los dolores los he convertido en fortaleza, en valentía, en amor, en orgullo, en perseverancia, en resiliencia, en hermandad, en humanidad, en valores y en reivindicación de los derechos laborales y humanos de las trabajadoras domésticas y de todas las mujeres".
María Roa

Lo personal es político, siempre y en todas partes
La serie María la Caprichosa no podría captar mejor el ADN del movimiento global de trabajadoras del hogar y la premisa que orienta su rumbo: lo personal es político. Las luchas de una son las luchas de todas. Ahí estáel motor de la acción colectiva que hace posible el cambio real y duradero.
El poder de una líder como María Roa se expande al movimiento en su totalidad y se transforma en poder colectivo, abriendo puertas a los espacios donde se construye el poder institucional capaz de impulsar cambios legales, narrativos y culturales. Y cuando el movimiento se fortalece, emergen nuevas líderes que lo hacen cada vez más fuerte. Un círculo virtuoso que mueve montañas.
¿Por qué está serie marca un punto de inflexión en la narrativa popular sobre el trabajo doméstico? Porque se atreve a decir y a visibilizar lo que las sociedades callan e invisibilizan. Porque interpela, incomoda, llama a la reflexión. Y no echa mano del melodrama o el golpe bajo: presenta la realidad en su estado más puro, sin endulzantes.
Las trabajadoras del hogar no son víctimas ni personajes secundarios estereotipados: son protagonistas empoderadas. La política no discurre bajo las cúpulas ni concierne únicamente a las élites: se moldea en los hogares, todos los días, entre escobas y cacerolas, entre empleadores y empleadas. La transformación casi nunca se produce espontáneamente de arriba hacia abajo, ni llega por arte de magia, como en Cenicienta: se construye desde las bases, con sudor y lágrimas, con determinación y resiliencia, con muchas manos y una sola voz.
“La FITH tiene un rol central en mi vida, porque ha apostado mucho a mi liderazgo para que hoy esté donde estoy. Todo lo que ha pasado por mi vida ha sido un valor agregado para fortalecerme y permitirme transmitirles mis experiencias a otras mujeres que han atravesado o están atravesando lo mismo que yo pasé. Hoy hago mucho más que hablarles de derechos a las trabajadoras del hogar: les hablo de ese ‘capricho’ que le he puesto a la vida para salir adelante".
María Roa