El cuidado: de invisible a Derecho Humano
Conquista sin precedentes para las trabajadoras del hogar en las Américas

En tan solo una semana, las trabajadoras del hogar en las Américas lograron dos victorias que pueden marcar un antes y un después en sus condiciones laborales y de vida. El 7 de agosto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció el cuidado como un derecho humano autónomo. Ocho días después, los países miembros de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe firmaron el Compromiso de Tlatelolco, que establece una década de acción para avanzar hacia la igualdad de género y la sociedad del cuidado. Ambas decisiones implican un nuevo contrato social regional que pone los cuidados y los derechos de quienes cuidan en el centro. Ahora, nos toca exigir que se pongan en práctica.

Un cambio de paradigma para todos

En una decisión histórica, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) emitió la Opinión Consultiva OC-31/25, que reconoce el cuidado como un derecho humano en sí mismo, destacando su carácter básico, universal e indispensable para la vida y el funcionamiento de la sociedad. Esto deja claro que el cuidado no es un privilegio, un favor o una “ayuda”, ni una responsabilidad individual o circunscripta al ámbito privado. Significa que todas las personas tienen derecho a recibir y brindar cuidados con dignidad en todas las etapas de su vida y que los Estados miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) tienen la obligación de garantizarlo.

El fallo considera que el derecho autónomo al cuidado tiene tres dimensiones básicas: 1) Derecho a ser cuidado: todas las personas tienen derecho a recibir cuidados de calidad, suficientes y adecuadas para vivir con dignidad; 2) Derecho a cuidar: todas las personas tienen derecho a brindar cuidados en condiciones dignas, ya sea de forma remunerada o no remunerada, sin discriminación y con pleno respeto a sus derechos humanos; 3) Derecho al autocuidado: quienes cuidan y son cuidados tienen derecho a procurar su propio bienestar y atender sus necesidades físicas, mentales, emocionales y culturales.

A través de esta resolución, la Corte IDH introduce un cambio de paradigma: el cuidado, históricamente invisibilizado y feminizado, deja de considerarse una tarea privada para pasar a ser un bien público, colectivo y social que los Estados deben garantizar, en condiciones de igualdad, no discriminación y corresponsabilidad, a través de normas, instituciones, financiamiento y sistemas universales. Además, el Tribunal señala que el cuidado es indispensable para el ejercicio efectivo de otros derechos, como la salud, la protección social, el trabajo, la autonomía reproductiva, la igualdad de género, la educación, la protección de la familia y la dignidad humana.

La Opinión Consultiva de la Corte IDH llama a los Estados a: incorporar el cuidado en los marcos constitucionales y legales y en planes nacionales; diseñar y fortalecer sistemas públicos de cuidados universales y sostenibles, con perspectiva de género e interseccionalidad, que incluyan servicios de cuidado accesibles y de calidad (cuidado infantil, de adultos mayores y de personas con discapacidad, licencias parentales, etc.); ampliar la cobertura de protección social para quienes cuidan, incluyendo a las personas trabajadoras remuneradas del cuidado en empleo informal; adoptar medidas de corresponsabilidad que involucren al Estado, las comunidades, el mercado y las familias, con presupuestos sostenidos, regulación y rendición de cuentas. Estos lineamientos son clave para la construcción de sistemas de cuidados más justos, equitativos, sostenibles e integrales en las Américas.

Las Trabajadoras del Hogar en el centro de la economía del cuidado

En las Américas (América del Norte, América Latina y el Caribe) unas 18 millones de personas se dedican al trabajo doméstico remunerado, de las cuales el 90% son mujeres y dos de cada tres están en condiciones de empleo informal, sin acceso a la protección social y a otros derechos laborales básicos. Teniendo en cuenta la “invisibilización histórica” que enfrenta el sector, el fallo de la Corte IDH reconoce a las trabajadoras del hogar como proveedoras esenciales de cuidados e incorpora explícitamente el Convenio 189 de la OIT como referencia absoluta en materia de derechos para ellas, lo que implica que este instrumento debe constituir el pilar central de todos sistemas y políticas nacionales de cuidados. La contribución de la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar (FITH) al proceso consultivo del Tribunal, a través de su documento “La centralidad de los cuidados y el apoyo desde una perspectiva humana”, también ha sido sustancial para la elaboración del documento.

La Opinión Consultiva OC-31/25 afirma que “el trabajo de cuidado remunerado debe contar con todas las garantías que se derivan del derecho al trabajo, en tanto se trata de actividades que tienen un valor económico y social, y que se desarrollan en el marco de relaciones de trabajo subordinadas y remuneradas”. Y puntualiza que “los Estados deben implementar medidas especiales para garantizar que las trabajadoras de cuidados remuneradas, en cualquiera de los sectores en los que desarrollen sus labores, cuenten con los mismos derechos de cualquier otro trabajador y puedan ejercerlos sin discriminación, en condiciones justas, equitativas y satisfactorias”.

Así, la Corte IDH insta a los países de la región a adoptar medidas concretas, diseñadas según las particularidades del trabajo doméstico, para proteger efectivamente a quienes desempeñan esta actividad:

  • Obligatoriedad del contrato por escrito, con especificación de las condiciones laborales.
  • Jornada de trabajo máxima de 8 horas, con descanso semanal, vacaciones y pago de horas extra.
  • Remuneración justa y equitativa.
  • Pleno acceso a la seguridad social, incluyendo a las trabajadoras en empleo informal (multiafilación de empleadores, sistemas de cotización parciales o esporádicos) .
  • Protección en materia de salud y seguridad ocupacional.
  • Prevención y sanción del abuso, el acoso, la violencia, la trata de personas y la servidumbre.
  • Combate a la discriminación interseccional derivada de la pobreza, la migración, la edad y el género.
  • Mecanismos efectivos de acceso a la justicia.
  • Derecho a la libertad sindical y la negociación colectiva como vía indispensable para garantizar derechos.
  • Inspección laboral y aplicación de sanciones por incumplimiento.
  • Iniciativas para promover la formalización.
  • Acciones positivas para proteger a las trabajadoras migrantes, quienes suelen realizar sus labores “por coerción, en relaciones de explotación contrarias a su dignidad humana”.

Cuidar es un derecho, pero también es un trabajo, y tiene que ser trabajo decente. Por eso, la FITH celebra este hito que fortalece el marco jurídico interamericano en materia de derechos humanos, pone los derechos de quienes cuidan en el centro y legitima las contribuciones del movimiento de trabajadoras del hogar. Ahora, contamos con otra poderosa herramienta para exigir a los gobiernos que pasen del discurso a la acción.

"Las trabajadoras del hogar son esenciales en el entramado social y económico de nuestras sociedades. Sin embargo, a menudo enfrentan condiciones laborales precarias, bajos salarios y falta de acceso a la seguridad social. Por eso, es fundamental reconocer su trabajo como parte integral del sistema de cuidados y garantizarles derechos laborales y protección social adecuados".

Carmen Brítez, Presidenta de la FITH

Compromiso de Tlatelolco: hacia la sociedad del cuidado en América Latina y el Caribe

La XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe concluyó con un acontecimiento trascendental: la firma del Compromiso de Tlatelolco por parte de los Estados miembros de la CEPAL, que establece una década de acción 2025-2035 para acelerar el logro de la igualdad sustantiva de género y la sociedad del cuidado en América Latina y el Caribe mediante transformaciones en los ámbitos político, económico, social, cultural y ambiental.

Considerando que “la actual organización social de los cuidados en América Latina y el Caribe es injusta y desigual, y ha afectado históricamente a las mujeres, adolescentes y niñas, en particular a las indígenas y afrodescendientes”, y en línea con el fallo de la Corte IDH, los países de la región se comprometieron a:

  • Reconocer el cuidado como un derecho humano y un bien público que el Estado debe garantizar.
  • Valorar el cuidado como pilar social y económico.
  • Adoptar normas, políticas, programas y sistemas integrales de cuidados con perspectiva de interseccionalidad e interculturalidad y sostenibles en el tiempo, lo que implica invertir en cuidados universales de calidad (cuidado infantil, de adultos mayores y de personas con discapacidad).
  • Impulsar una organización social del cuidado más justa, promoviendo la autonomía de las mujeres y su participación igualitaria en la vida pública, política y económica.
  • Garantizar el pleno ejercicio de los derechos laborales y el acceso a la seguridad social para quienes realizan trabajo de cuidados.
  • Prevenir todas las formas de violencia en el mundo del trabajo formal e informal.
  • Ratificar y aplicar los Convenios 189 y 190 de la OIT.
  • Promover la formalización y profesionalización del trabajo de cuidados.
  • Asegurar la participación activa de las organizaciones de trabajadoras del hogar y del cuidado en el diseño y seguimiento de las políticas de cuidado.
  • Fomentar la inclusión de las mujeres diversas y la visibilización de sus saberes ancestrales.

La voz de las trabajadoras del hogar se oyó en todos los espacios de la Conferencia de la CEPAL. Una delegación compuesta por la Secretaria General de la FITH, Adriana Paz Ramírez, la representante del Comité Ejecutivo de la FITH por América Latina, Ruth Díaz, y líderes de las organizaciones de trabajadoras del hogar en la región contribuyó sustancialmente a la elaboración del Compromiso y a la construcción de la agenda regional de los cuidados. Nuestro movimiento jugó un papel clave en las sesiones de alto nivel del evento, como el segmento “Memoria y futuro: a 50 años de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer”, que contó con Adriana Paz entre sus oradoras, y el diálogo para impulsar el Pacto Birregional por los Cuidados UE–ALC. También estuvimos presentes con un stand propio en el Pabellón de los Cuidados, una iniciativa de la Alianza Global por los Cuidados (AGC) para impulsar la reflexión y la acción colectiva, donde además participamos en numerosos debates y en la Asamblea General de la Alianza a través de nuestra Presidenta Carmen Brítez.

"En esta nueva era de los cuidados, las trabajadoras del hogar vemos muchas posibilidades de revertir la realidad del sector, pero también vemos muchos riesgos de que nuestras demandas y necesidades no sean efectivamente integradas en los planes y sistemas nacionales de cuidado. Es muy importante mirar el recorrido organizativo sindical de este sector como un testimonio de que los cambios reales se logran desde abajo hacia arriba y con el poder de la organización y el involucramiento activo de las personas trabajadoras. Si concebimos los cuidados como una necesidad, como un trabajo y como un derecho, tenemos una filosofía transformadora y un marco de acción urgente por realizar"

Adriana Paz Ramírez, Secretaria General de la FITH

En un contexto global desafiante para el pleno disfrute de los derechos humanos, el Compromiso de Tlatelolco significa mucho más que una hoja de ruta: es un punto de inflexión que nos acerca al cambio por el que tanto hemos luchado: una verdadera sociedad del cuidado donde se reconozca el rol vital de las trabajadoras del hogar, se garantice el trabajo decente y se respete el derecho de todas las personas a cuidar y recibir cuidados en condiciones dignas.

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