Nuevo programa de liderazgo transformador para las trabajadoras del hogar en América Latina

La Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar (FITH) ha puesto en marcha un innovador programa de formación político-sindical en América Latina: LATE - Liderazgo, Acción, Transformación y Educación. Durante siete meses y a través de sesiones presenciales y en línea, alrededor de 300 trabajadoras del hogar de 19 organizaciones afiliadas a la FITH en 13 países de la región recibirán capacitación orientada a fortalecer sus habilidades individuales y organizacionales para la incidencia política por la defensa de sus derechos.

El programa LATE se centra en la construcción colectiva de conocimiento para la acción sindical, promoviendo entre las participantes el análisis crítico de la realidad que experimentan las trabajadoras del hogar en sus respectivos contextos culturales y sociopolíticos, así como la percepción de sí mismas, de sus organizaciones y del movimiento como sujetos de la historia, capaces de actuar eficazmente para transformar esa realidad. El objetivo, en línea con el plan estratégico y la Teoría del Cambio de la FITH, es que las trabajadoras del hogar tengan voz y representación en los espacios de debate, el diseño de políticas públicas y la toma de decisiones sobre todos los temas relacionados con el trabajo doméstico en sus países, incluyendo economía del cuidado, migración laboral, trabajo en plataformas digitales, violencia y acoso en el mundo laboral, entre otros.

La lucha por el trabajo decente en América Latina

La historia de lucha y organización sindical de las trabajadoras del hogar en América Latina tiene más de cien años. El movimiento regional ha sido pionero en lo que respecta a autorrepresentación política y conquista de derechos: las trabajadoras del hogar latinoamericanas siempre han hablado por sí mismas directamente con aquellos que están en posición de cambiar sus condiciones laborales, logrando enormes avances legislativos en los últimos 15 años. Su herramienta más poderosa es el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo, que define estándares básicos para el sector, equiparando sus condiciones laborales con las de otras categorías de trabajadores.

El C189 fue adoptado en 2011 y hasta el momento ha sido ratificado por 39 países en todo el mundo, de los cuales 18 pertenecen a América Latina. Valiéndose de este instrumento, las trabajadoras del hogar latinoamericanas han impulsado cambios normativos clave en sus países. Sin embargo, hay una profunda brecha entre los derechos ganados y la realidad que viven las trabajadoras del hogar: el trabajo doméstico es uno de los sectores más precarizados en la región, con más del 72% de las trabajadoras en empleo informal, lo que implica que no gozan de protección legal, acceso a la seguridad social ni derechos fundamentales en el trabajo. Muchas de ellas perciben salarios muy bajos, soportan jornadas laborales extenuantes y sufren situaciones de abuso, violencia y acoso.

Estos grandes déficis de trabajo decente son consecuencia de la falta de reconocimiento del trabajo doméstico como trabajo “real”, tanto a nivel normativo como en la práctica. Desde una perspectiva capitalista y patriarcal, las labores domésticas y de cuidados, naturalmente asignadas a las mujeres de los grupos más desfavorecidos, no son percibidas como una actividad productiva ni de valor social, a pesar de ser esenciales para la sostenibilidad de la vida y de la fuerza laboral. De ahí que los hogares a menudo no sean considerados unidades económicas o lugares de trabajo, ni los empleadores sean vistos y se vean a sí mismos como empleadores. Esta concepción errónea ha servido como excusa para justificar la explotación sistemática de las trabajadoras del hogar y su exclusión de la protección y de los derechos que les corresponden como trabajadoras asalariadas.

En América Latina, las trabajadoras del hogar históricamente han enfrentado múltiples e interseccionales formas de discriminación -por ser mujeres negras, indígenas, migrantes, pobres, madres solteras, entre otros motivos- que tienen sus raíces en el colonialismo y los regímenes esclavistas. El vínculo entre estos sistemas de opresión y la desvalorización del trabajo que realizan es innegable. El movimiento regional ha comprendido muy bien estas dimensiones de su realidad actual y ha adoptado una diversidad de estrategias creativas para conquistar derechos y ganar reconocimiento, desplegando todo su poder colectivo y resiliencia. Hoy, en un contexto regional que presenta enormes desafíos para la adopción de nuevas protecciones legales y la implementación de las existentes, la formación de líderes transformadoras cobra especial relevancia.

Educación para el cambio

El programa LATE fue diseñado con el objetivo de fortalecer las capacidades técnicas y políticas de las trabajadoras del hogar para que puedan negociar los aspectos clave de sus condiciones laborales, acceder a espacios institucionalizados de diálogo social y posicionar sus reivindicaciones exitosamente. Un movimiento conformado por líderes fuertes y organizaciones sólidas es capaz de revertir las consecuencias de los sistemas de opresión y exclusión que las han marginalizado, impulsando cambios normativos y culturales para lograr el trabajo decente, una vida digna y el reconocimiento que merecen como pilares de la economía del cuidado.

“LATE es una respuesta a la necesidad que tenemos de seguir tejiendo y fortaleciendo el posicionamiento de nuestro sector a través de un liderazgo educado, capaz de movilizarse y provocar los cambios y transformaciones que tanto necesitamos, especialmente en una región tan desigual como América Latina”

Ruth Díaz, miembro de Comité Ejecutivo de la FITH por América Latina

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