Declaración de la FITH en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer 2025

Este 25 de noviembre, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en la FITH nos mantenemos firmes en nuestra lucha para lograr que el trabajo doméstico sea una ocupación segura, libre de todas las formas de violencia, acoso y discriminación. Las trabajadoras del hogar merecen vivir y trabajar con dignidad y respeto. Ellas cuidan del mundo; es hora de que el mundo cuide de sus derechos humanos.
La realidad tras puertas cerradas
Las trabajadoras del hogar (TH) son esenciales para satisfacer la necesidad humana básica de cuidados: cuidan a los niños, a los adultos mayores y a las personas con discapacidad; limpian, cocinan, lavan, planchan… Gracias a que esta amplia gama de tareas recae sobre las TH, otras personas pueden participar en el mercado de trabajo. El trabajo doméstico no es un “favor” ni es “ayuda”: es trabajo, y emplea a aproximadamente al 4,5% de todas las mujeres ocupadas en el mundo (OIT, 2023). Sin embargo, las TH siguen enfrentando las condiciones de trabajo más precarias dentro de la fuerza laboral de los cuidados y se ven desproporcionadamente afectadas por la violencia y el acoso en el lugar de trabajo
La falta de protección legal, la débil aplicación de las normas y de la inspección del trabajo, y el incumplimiento generalizado en el trabajo doméstico crean un terreno fértil para múltiples formas de abuso. Entre ellas se encuentran el abuso verbal y psicológico; la violencia económica, como la retención de salarios; la violencia física y sexual; y las amenazas, la intimidación, las invasiones a la privacidad y las restricciones a la libertad de movimiento. Un estudio de la FITH (2018) reveló que ocho de cada diez TH han sufrido alguna forma de violencia, acoso o discriminación en el trabajo.
El trabajo doméstico es un sector ampliamente feminizado, con algunas de las tasas más alarmantes de trabajo infantil y una creciente prevalencia de la migración laboral: más del 76% de las TH son mujeres; hay 7,1 millones de niñas y niños realizando trabajo doméstico, de los cuales 4,4 millones son niñas; y al menos el 16% de todas las TH son migrantes (OIT, 2022). También es un trabajo racializado, profundamente moldeado por normas culturales arraigadas en los regímenes esclavistas, el colonialismo y otras formas de servidumbre. No es casual que la mayoría de las TH pertenezcan a grupos desfavorecidos sujetos a múltiples formas de discriminación que se entrecruzan por motivos de género, raza, etnia, casta, origen nacional y condición social. Aún hoy, las jerarquías y los estereotipos siguen determinando quién sirve a quién en la mayoría de las sociedades.
En el trabajo doméstico, las relaciones entre empleadores y trabajadoras a menudo no siguen la dinámica de una relación de empleo tal como la define el Convenio 189 de la OIT ni como funcionan en otros sectores. En cambio, siguen marcadas por la impronta de la relación amo–sirviente, en la que el trabajo doméstico se considera un “estatus” directamente ligado a la posición de la persona que lo realiza, y no un trabajo con derechos, como cualquier otro. Este profundo desequilibrio de poder —sumado al hecho de que el trabajo doméstico se realiza en hogares privados, muchas veces no reconocidos como lugares de trabajo, detrás de puertas cerradas y en aislamiento— facilita el abuso y refuerza la sensación de impunidad de los agresores.
Cuanto más dependen las TH de sus empleadores, mayor es su exposición a la violencia y el acoso y más limitadas son sus posibilidades de denunciar. Es el caso de las TH cama adentro/sin retiro, que dependen de sus empleadores para tener alimentación y vivienda. También es el caso de quienes trabajan en la informalidad (el 80% a nivel mundial): al no tener acceso a la protección social, no cuentan con seguro de desempleo ni con un respaldo económico si dejan el empleo. Las TH migrantes se encuentran aún más atrapadas en situaciones abusivas debido a varios factores: ausencia de redes de apoyo; barreras lingüísticas y culturales; visados y permisos de trabajo atados al empleador; deudas vinculadas a la migración y dependencia de sus familias de las remesas; restricciones para ejercer la libertad de asociación; y falta de acceso a la justicia. Estos riesgos se agravan para las TH migrantes en situación irregular, ya que el temor a la detención o la deportación puede disuadirlas de buscar ayuda. Los canales de migración irregulares también exponen a las mujeres a la trata de personas, a veces con fines de servidumbre doméstica: el trabajo doméstico se encuentra entre los cinco sectores que concentran la mayor cantidad de personas adultas en situación de trabajo forzoso (OIT, 2022).
Un llamado a la libertad colectiva
Las trabajadoras del hogar comprenden profundamente las causas y las consecuencias de los sistemas de opresión que han marcado sus condiciones de trabajo y de vida. Sobre esa base han construido una identidad colectiva y han desarrollado estrategias en múltiples niveles para desmantelar la violencia por motivos de género (FITH, 2025). Con los Convenios 190 y 189 de la OIT como marco de referencia, han logrado avances significativos. Sin embargo, muchas de las leyes y políticas resultantes siguen siendo insuficientes, ya sea porque no están adaptadas a las especificidades del trabajo doméstico o porque su aplicación sigue siendo deficiente.
Este 25 de noviembre, hacemos un llamado a los Estados a adoptar medidas urgentes para garantizar que el trabajo doméstico sea una ocupación segura, libre de todas las formas de violencia y acoso:
- Ratificar e implementar efectivamente los Convenios 189 y 190 de la OIT.
- Poner fin a la exclusión de las TH de la legislación laboral y de la protección social, así como a todas las políticas discriminatorias en su contra.
- Adoptar leyes y políticas nacionales específicas para abordar la VBG en el trabajo doméstico.
- Crear vías hacia la formalización, por ejemplo mediante la adopción de contratos estandarizados que incluyan cláusulas sobre discriminación y VBG.
- Fortalecer la inspección laboral en los hogares privados en tanto lugares de trabajo.
- Reconocer la VBG como un riesgo de seguridad y salud en el trabajo doméstico.
- Garantizar el acceso a la justicia, a recursos efectivos y a apoyo para las TH víctimas de violencia, y aplicar sanciones efectivas a los agresores.
- Garantizar el derecho de las TH —incluidas las migrantes— a organizarse y participar en la negociación colectiva, y asegurar que las organizaciones de TH tengan una voz fuerte en la definición de sus condiciones de trabajo.
- Asegurar la presencia de las organizaciones de TH en los espacios de diálogo social donde se definen normas y políticas para combatir la VBG.
- Llevar a cabo campañas de sensibilización para prevenir la VBG en el trabajo doméstico, diseñadas con la orientación de las organizaciones de TH.
- Regular y monitorear las plataformas digitales de trabajo y las agencias de contratación, garantizando que las TH contratadas a través de ellas gocen de todos los derechos y protecciones que les corresponden como trabajadoras asalariadas.
- Garantizar la protección legal de las TH migrantes —incluidas aquellas en situación migratoria irregular— a lo largo de todo el ciclo migratorio, y establecer vías de migración seguras y regulares para las TH migrantes.
Para erradicar la VBG en el trabajo doméstico, necesitamos un cambio de paradigma: las relaciones laborales deben dejar de basarse en el estatus para pasar a basarse en los derechos, garantizando el respeto, la dignidad y la seguridad de las trabajadoras del hogar. No hay trabajo decente sin derechos humanos.
“En este día pedimos protección para los derechos de las trabajadoras del hogar. No a la explotación, al abuso y a la violencia. Garanticemos un trato justo, condiciones de trabajo seguras y dignidad para todas las trabajadoras del hogar”.
Elaine Duncan, miembro del Comité Ejecutivo de la FITH en representación del Caribe
