Las trabajadoras del hogar somos la fuerza del cuidado: ¡El mundo no funciona sin nosotras!

Declaración de la FITH por el Día Internacional de lxs Trabajadorxs 2025 

Este Primero de Mayo nos encuentra en medio de múltiples crisis globales: políticas, económicas, climáticas y de los cuidados. Este escenario profundiza los desafíos que históricamente hemos enfrentado las trabajadoras del hogar, pero también representa una oportunidad para visibilizar nuestro rol esencial como proveedoras de cuidados y contribuir a la construcción de una economía del cuidado más justa, equitativa y sustentable para todos, basada en el trabajo decente para quienes la sostenemos. Tenemos el poder transformador de construir un mundo donde la justicia social sea realidad para todas las trabajadoras del hogar, en todas partes. ¡Juntas, podemos! 

La demanda global de cuidados crece aceleradamente, pero la infraestructura y los servicios públicos de cuidado se han quedado rezagados. Para cubrir esa brecha, muchos países están recurriendo a una fuerza laboral flexible y de bajo costo compuesta por trabajadoras del hogar (en su mayoría perteneciente a los grupos más desfavorecidos de la población: mujeres pobres, racializadas, migrantes) mal remuneradas, empleadas informalmente y sometidas a condiciones laborales abusivas. Nuestro trabajo sostiene a las sociedades y economías, haciendo posibles todos los demás trabajos, mientras nuestros derechos y dignidad son sistemáticamente negados.

Para 2030, se estima que 2.300 millones de personas en todo el mundo necesitarán cuidados. Si los gobiernos invierten en sistemas de cuidados transformadores que prioricen el trabajo decente para las trabajadoras del hogar, la economía del cuidado podría crear 270 millones de nuevos empleos para ese año (OIT 2022). Esto también permitiría poner fin a la mercantilización del cuidado y de quienes lo proveen, allanando el camino hacia un futuro en el que las trabajadoras del cuidado sean reconocidas, valoradas y bien remuneradas, y en el que todas las personas tengan acceso a cuidados de calidad.

Somos el motor de la economía del cuidado

A nivel global, las trabajadoras del hogar empleadas exclusivamente en hogares privados representamos más del 25% de la fuerza laboral de los cuidados. Realizamos trabajo de cuidados calificado, tanto directo (atención a niños, adultos mayores y personas con discapacidad) como indirecto (limpieza, cocina, lavandería, planchado, entre otras). Pero a pesar de nuestro rol esencial en el sostenimiento de los hogares y el bienestar de las familias, persiste la percepción de que el trabajo doméstico no es un trabajo “real” ni formal, y mucho menos calificado; y, por lo tanto, de que el hogar no es un lugar de trabajo ni los dueños de casa son empleadores.

En la desvalorización estructural del trabajo doméstico, profundamente arraigada en patrones históricos de discriminación por género, raza, etnia, casta, clase social y origen, está la raíz de los grandes déficits de trabajo decente que predominan en nuestro sector; déficits que resultan de la falta de protección legal, la débil aplicación de las leyes laborales y los altos niveles de incumplimiento por parte de los empleadores. Más del 36% de las trabajadoras del hogar estamos excluidas de las leyes laborales, más del 50% no contamos con derecho garantizado a la protección social, y más del 80% trabajamos en condiciones informales, sin ningún acceso a la seguridad social (OIT 2024). Todo esto perpetúa la desvalorización de nuestro trabajo y sostiene un ciclo de desigualdad y pobreza.

Las trabajadoras del hogar migrantes enfrentan vulnerabilidades adicionales. Como resultado de políticas de migración laboral discriminatorias, suelen estar excluidas de la protección legal y social, y privadas del derecho a la libertad de asociación. Además, los esquemas migratorios restrictivos, como los de migración temporal o circular, promueven la migración irregular y el empleo informal, aumentando aún más los riesgos de explotación, abuso, violencia, trabajo forzoso y trata de personas. Una de cada tres mujeres migrantes empleadas trabaja en la economía del cuidado, en comparación con una de cada cinco mujeres no migrantes. Su rol es clave en el desarrollo tanto de los países de destino como de origen, con remesas que rondaron los USD 685 mil millones en 2024 (OIT 2024).

El cuidado no es un lujo: el cuidado es una necesidad universal y un derecho humano. El trabajo decente para quienes sostenemos la economía del cuidado no es un privilegio: es un derecho consagrado en el Convenio 189 de la OIT. ¡Es hora de que las trabajadoras del hogar ejerzamos plenamente este derecho!

Estamos al frente del cambio

A lo largo de la historia, nuestro movimiento ha estado en la primera línea del cambio: en nuestras comunidades, en nuestros lugares de trabajo, en nuestros países y en los espacios globales de formulación de políticas. En tiempos de crisis, estamos más decididas que nunca a impulsar cambios en las narrativas, en las conductas y en las políticas, para lograr el trabajo decente para las trabajadoras del hogar en la economía del cuidado.

Este Primero de Mayo, demandamos:

  • Ratificación e implementación efectiva del Convenio 189 de la OIT / Protecciones legales nacionales alineadas con dicho estándar.
  • Formalizacióncontrato por escrito, salario mínimo y pleno acceso a la protección social.
  • Reconocimiento como trabajadoras del cuidado con acceso a los beneficios de la seguridad social y a servicios de cuidado para nosotras y nuestras familias.
  • Reconocimiento de competencias como proveedoras de cuidados directos e indirectos: igual salario por trabajo de igual valor..
  • Migración laboral segura y justa: protección legal y social a lo largo de todo el ciclo de migración, independientemente del estatus migratorio; políticas de regularización inclusivas y basadas en derechos que integren a las trabajadoras del hogar migrantes en la economía formal; acceso a la justicia y a mecanismos transnacionales de denuncia y reparación; capacitación y concientización previas a la migración.
  • Erradicación de todas las formas de discriminación, violencia y acoso en el trabajo doméstico, comenzando por la ratificación del Convenio 190 de la OIT..
  • Libertad de asociación y negociación colectiva..
  • Voz y representación en todos los espacios de desarrollo de políticas y toma de decisiones vinculados al trabajo doméstico, la economía del cuidado, la economía de plataformas y la migración laboral.
  • Mecanismos eficaces de monitoreo e inspección laboral en el trabajo doméstico, para fomentar la cultura del cumplimiento entre los empleadores.
  • Regulación y supervisión de las plataformas digitales y agencias de empleo , para garantizar condiciones laborales formales y justas para las trabajadoras del hogar, y prevenir el trabajo forzoso y la trata de personas.

Hoy, alcemos nuestras voces para demandar reconocimiento, dignidad, justicia y derechos. Porque el trabajo doméstico ES trabajo, ES trabajo formal y ES trabajo de cuidados—y porque las trabajadoras del hogar somos la fuerza del cuidado. ¡Feliz Día Internacional de lxs Trabajadorxs, compañeras!

# 1deMayo2025
#TrabajoDecente
#LaFuerzaDelCuidado

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