Si se trata de cuidados, se trata de las trabajadoras del hogar: dignidad en los cuidados, equidad en las políticas

Declaración de la FITH en el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo 2025

En el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, celebramos a todas las trabajadoras del hogar cuyo trabajo cotidiano de cuidados sostiene hogares, familias y comunidades enteras en todo el mundo, impulsando el desarrollo social y económico. Hoy reafirmamos nuestro compromiso de seguir luchando por el reconocimiento, el trabajo decente y la dignidad de las trabajadoras del hogar en la economía del cuidado. Porque si se trata de cuidados, se trata de las trabajadoras del hogar.

Esta es la “era del cuidado”: un momento decisivo en que las necesidades globales de cuidados están en aumento y seguirán dependiendo de las trabajadoras del hogar. En todo el mundo, más de 75 millones de personas se dedican al trabajo doméstico, el 76% de las cuales son mujeres, en su mayoría racializadas y pertenecientes a los grupos más marginalizados de la sociedad. Su rol en la economía del cuidado es fundamental: representan al menos el 25 % de la fuerza laboral del cuidado, realizando un trabajo de cuidados tanto directo como indirecto que hace posibles todos los demás trabajos remunerados y que representa el 9 % del PIB mundial, según la Resolución de la OIT sobre Trabajo Decente y Economía del Cuidado (2024). Para 2030, 2.300 millones de personas necesitarán cuidados, y se requerirán alrededor de 300 millones de nuevos empleos para satisfacer esa demanda (OIT, 2022). No hay forma de evitar una crisis mundial de los cuidados sin trabajo decente para las trabajadoras del hogar, que son la columna vertebral de la economía del cuidado. No es un privilegio: es un derecho.

Sin embargo, la mayoría de las sociedades siguen otorgando un escaso valor social y económico al trabajo de cuidados, considerándolo con frecuencia “no calificado”, “no productivo” o incluso “no real”. Las profundas desigualdades reflejadas en la actual organización social del cuidado —arraigadas en la esclavitud, el colonialismo y el patriarcado— son especialmente graves en el trabajo doméstico, donde múltiples e interseccionales formas de discriminación han llevado a la exclusión de las trabajadoras del hogar de la protección y el ejercicio de los derechos que les corresponden como trabajadoras asalariadas. Esto explica las precarias condiciones laborales, las altas tasas de informalidad (más del 80 % a nivel mundial) y la alarmante prevalencia de la violencia y el acoso, el trabajo forzoso y el trabajo infantil en el trabajo doméstico remunerado. Estos déficits de trabajo decente se ven agravados en el caso de las trabajadoras del hogar migrantes, que a pesar de ser las principales proveedoras de cuidados en los países de mayores ingresos suelen estar explícitamente excluidas de los derechos laborales fundamentales.

En este contexto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió recientemente la Opinión Consultiva OC-31/25, que reconoce el cuidado como un derecho humano autónomo. Esto significa que todas las personas tienen derecho a cuidar, a ser cuidadas y al autocuidado, y que los Estados tienen la obligación de garantizarlo. Este fallo histórico se basa en los estándares establecidos en varios convenios fundamentales de la OIT y especifica que el C189 debe constituir el pilar central de los sistemas y políticas nacionales de cuidados. La CIDH también incorporó los aportes de la FITH en su proceso consultivo. Para nuestro movimiento, es particularmente significativo que el fallo reconozca explícitamente a las trabajadoras del hogar como proveedoras esenciales de cuidados y llame a los gobiernos a implementar medidas diferenciadas para garantizar que, incluso aquellas en empleo informal, disfruten de los mismos derechos que el resto de las personas trabajadoras. Este hito es crucial para fortalecer nuestra demanda de que el cuidado es una necesidad, un derecho y un trabajo, no solo en las Américas, sino también en otras regiones y a nivel mundial.

En este escenario, la FITH ha lanzado su Teoría del Cambio, una hoja de ruta para lograr el trabajo decente para las trabajadoras del hogar en la era del cuidado. Esta herramienta, construida en base a la historia de lucha y conquistas de nuestro movimiento, propone estrategias no solo para abordar los desafíos que enfrentamos, sino también para aprovechar las oportunidades que surgen de la economía del cuidado. Nuestro recorrido —desde los márgenes del movimiento sindical organizado hasta convertirnos en una Federación Sindical Global reconocida— demuestra que hemos sido capaces de organizar lo “inorganizable” y hacer posible lo “impensable”, empezando por la adopción del Convenio 189 de la OIT en 2011, el primer instrumento en establecer que el trabajo doméstico es trabajo real y que las trabajadoras del hogar tienen los mismos derechos que todas las demás personas trabajadoras.

Desde el lugar que hemos conquistado, en este Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo nuestro movimiento demanda:

  • Trabajo decente para las trabajadoras del hogar, incluidas las migrantes en igualdad de condiciones: protección conforme a los estándares del C189 de la OIT, en la ley y en la práctica; acceso pleno a la seguridad social; salarios justos no inferiores a los de otros trabajadores del cuidado (igual remuneración por trabajo de igual valor); seguridad y salud en el trabajo; protección frente a la violencia y el acoso basados en género, así como frente a cualquier forma de discriminación; libertad sindical y derecho a la negociación colectiva.
  • Reconocimiento del cuidado como derecho y bien público, en línea con el fallo de la Corte IDH.
  • Sistemas y políticas nacionales de cuidados sólidos: estos deben ser universales, inclusivos, con perspectiva de género y tener el C189 de la OIT como pilar central, reconociendo a las trabajadoras del hogar como parte de la fuerza laboral del cuidado, con derecho a cuidar en condiciones dignas y a recibir cuidados para ellas y sus familias.
  • Espacios institucionales inclusivos para el diálogo social: las trabajadoras del hogar deben tener voz y representación en todos los espacios donde se tomen decisiones y se elaboren políticas relacionadas con los cuidados.
  • Regulación de las plataformas digitales de trabajo: las plataformas que ofrecen servicios de cuidados deben garantizar la correcta clasificación de las trabajadoras del hogar, reconociendo la existencia de una relación de empleo y garantizando todos los derechos que de ella se derivan.
  • Reconocimiento de competencias y vías hacia la formalización: las competencias de las trabajadoras del hogar —ya sea adquiridas mediante formación o la experiencia— deben ser reconocidas, valoradas y justamente remuneradas. Esta y otras vías hacia la formalización del trabajo doméstico deben ser prioritarias.

“Las trabajadoras del hogar somos el motor fundamental de la vida. Los cuidados no son una mercancía: nosotras proveemos cuidados y servicios de calidad. Las políticas y planes nacionales de cuidados deben incluir a las trabajadoras del hogar y promover condiciones laborales y sociales justas y dignas para todas las personas que realizan este trabajo invaluable. Juntas, podemos construir un futuro más justo e igualitario.”

Carmen Brítez, Presidenta de la FITH

Este 29 de octubre, con el Convenio 189 de la OIT como visión, meta y marco de acción, las trabajadoras del hogar reafirmamos nuestro rol fundamental en la construcción de sociedades del cuidado. ¡Somos la fuerza del cambio en la era del cuidado!

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