Declaración de la FITH en el Día Internacional del Migrante 2025

En este Día Internacional del Migrante, reconocemos la contribución vital de las trabajadoras del hogar migrantes al sostenimiento de la vida y reafirmamos nuestro compromiso de seguir luchando, más allá de las fronteras, por su dignidad, su seguridad y sus derechos laborales y humanos. Transformar la realidad injusta que enfrentan cada día está en el corazón de nuestra lucha. Juntas, estamos construyendo poder allí donde antes solo había invisibilidad. Porque la justicia migratoria para las trabajadoras del hogar no puede esperar ni un día más.
“El Día Internacional del Migrante no es un día más para las personas migrantes. Esta celebración debe reconocer nuestros esfuerzos y sacrificios y, sobre todo, nuestra dignidad, apuntando a lograr respeto e igualdad para todas las personas migrantes. Las migrantes dejamos atrás a nuestras familias y nuestros sueños para ayudar a otras personas a construir un futuro mejor. No se trata solo de celebrar, sino de reconocer los aportes de las personas migrantes a la sociedad. ¡Feliz Día Internacional del Migrante para todas y todos!”
Jec, miembro del Comité Ejecutivo de la FITH por Asia
Las trabajadoras del hogar migrantes (THM) no dejan atrás a sus hijos y a sus comunidades porque quieren: lo hacen por necesidad, buscando asegurar el bienestar de sus familias. Seducidas por ofertas laborales tentadoras provenientes de países con crecientes necesidades de cuidados, cada vez más mujeres emprenden un viaje hacia un futuro mejor. Sin embargo, ese sueño a menudo se convierte en pesadilla. Muchas regresan a sus países decepcionadas, estafadas y con profundas heridas físicas y emocionales. Otras incluso regresan en un ataúd.
Más del 17 % de las trabajadoras del hogar en el mundo son migrantes. Ellas —en su mayoría mujeres racializadas del Sur Global— constituyen la mayoría de las trabajadoras del cuidado en algunas economías de altos ingresos: en conjunto, los Estados Árabes, Europa del Norte, del Sur y Occidental, y América del Norte concentran alrededor del 52 % de todas las THM a nivel mundial (OIT, 2015). Su trabajo es vital para el sostenimiento de las sociedades y las economías, y sin embargo todavía suelen quedar explícita o implícitamente excluidas de la cobertura de las leyes laborales y de protección social. Su situación migratoria, así como sus condiciones de vida y de trabajo, están determinadas en gran medida por acuerdos bilaterales de migración laboral (ABML) entre los países de origen y destino, que a menudo resultan en niveles de protección débiles y discriminatorios. Estos regímenes de migración laboral no solo perpetúan profundas desigualdades entre trabajadoras nacionales y migrantes, sino también entre trabajadoras migrantes de distintas nacionalidades, ya que las condiciones de la migración, el reclutamiento y el empleo varían según el país de origen.
Algunos esquemas de migración laboral, como el sistema kafala en Medio Oriente —un régimen de visado atado al empleador— y otros sistemas de patrocinio predominantes en países asiáticos como Malasia, Singapur y Hong Kong, tienden a restringir gravemente los derechos y las oportunidades de las THM. Estos sistemas han reforzado e institucionalizado unaestructura laboral racializada que afecta de manera desproporcionada a las trabajadoras migrantes de África Subsahariana, el Norte de África y Asia meridional y sudoriental, quienes ocupan uno de los estratos más bajos en la jerarquía social de los países de destino.
Bajo estos regímenes, los empleadores tienen un poder absoluto sobre las THM, que a menudo tienen prohibido cambiar de empleo, salir del país sin el consentimiento del patrocinador o incluso salir de la casa. Los empleadores pueden encerrarlas, restringir su movilidad y sus comunicaciones, confiscar sus pasaportes, cancelar sus documentos de identidad o amenazar con denunciarlas ante las autoridades por haber “huido”, lo que puede derivar en prisión o deportación. El aislamiento de las THM, el desequilibrio de poder en el lugar de trabajo y la falta de inspección laboral en el trabajo doméstico las exponen a graves abusos y explotación: jornadas extenuantes y falta de descanso; privación de alimentos y condiciones de vivienda indignas; falta de acceso a la salud; violencia verbal y tratos humillantes; y violencia física y sexual.
También son frecuentes los casos de retención de salarios y servidumbre por deudas debido a las tarifas de reclutamiento y a los costos de migración que se les cobran a las THM. El panorama internacional del reclutamiento está cada vez más dominado por agencias privadas de contratación y de empleo, así como por plataformas digitales de trabajo (que se multiplicaron por ocho entre 2010 y 2020, según un informe de la OIT de 2024), muchas de las cuales operan al margen de la ley y de manera inescrupulosa, aprovechándose de la desesperación de las trabajadoras del hogar migrantes por obtener un ingreso estable y aumentando su riesgo de explotación desde el inicio mismo del ciclo migratorio.
En este contexto complejo, el acceso limitado a la justiciay las restricciones a los derechos a la libertad de asociación y a la negociación colectiva para las THM les impiden dejar empleos abusivos; buscar ayuda o justicia cuando se violan sus derechos; y abogar por condiciones de trabajo decentes. Esto ayuda a explicar por qué las THM se encuentran entre los grupos de trabajadores más afectados por la esclavitud moderna y la trata de personas con fines de explotación laboral. El trabajo doméstico se encuentra entre los cinco sectores que concentran a la mayoría de las personas adultas en situación de trabajo forzoso (OIT, 2022).
Si bien las vulnerabilidades son aún mayores para las THM con situación migratoria irregular o en empleo informal, la injusta gobernanza de la migración laboral empuja a cada vez más trabajadoras del hogar hacia la irregularidad o el trabajo informal: un círculo vicioso que parece no tener fin.
Este 18 de diciembre, nuestras demandas son fuertes y claras:
- Poner fin a las políticas de migración laboral injustas y discriminatorias: los ABML deben basarse en las normas internacionales de derechos humanos y de trabajo decente.
- Desmantelar el sistema de kafala y otros sistemas de patrocinio abusivos.
- Ratificar y aplicar de manera efectiva los instrumentos de la OIT relevantes para las THM, incluido —y en especial— el Convenio 189.
- Garantizar que las THM disfruten de derechos y protección en igualdad de condiciones con el resto de las personas trabajadoras a lo largo de todo el ciclo migratorio.
- Garantizar a las THM pleno acceso a las prestaciones de protección social, independientemente de su situación migratoria y de sus condiciones de empleo.
- Asegurar lugares de trabajo libres de violencia, acoso y toda forma de abuso o explotación, mediante la adopción de mecanismos efectivos de inspección, cumplimiento y sanción.
- Poner fin al trabajo forzoso y a la trata de personas en el trabajo doméstico.
- Garantizar el acceso a la justicia para las THM: mecanismos de denuncia y reparación para las trabajadoras; rendición de cuentas para los reclutadores y empleadores abusivos.
- Garantizar un reclutamiento justo: regular y monitorear a las agencias de reclutamiento y a las plataformas digitales de trabajo.
- Garantizar el ejercicio de los derechos a la libertad de asociación y a la negociación colectiva para las THM.
- Promover el diálogo social: las THM deben tener voz y representación en todos los espacios donde se definen las políticas que les conciernen.
- Crear vías de migración regulares y seguras, y poner fin a la criminalización de las THM.
- Valorar el papel crucial de las THM en la economía del cuidado, reconociendo sus capacidades y experiencia con una remuneración justa.
Es hora de cuidar a quienes siempre, incondicionalmente, están en la primera línea cuidando de otras personas. Es hora de que la migración genere oportunidades de desarrollo, en lugar de ser un pasaje de ida hacia la injusticia; de que sea una elección, y no una necesidad. Ha llegado la hora de que las trabajadoras del hogar migrantes obtengan por fin aquello que se les ha negado durante tanto tiempo: derechos, trabajo decente y dignidad.
